En el parque Los Libertadores del centro de Villavicencio aun sombrea este glorioso samán, que es el eje cardinal de los recorridos de los llaneros. Desde las orillas del Orinoco siempre han de venir por alguna razón  hasta este punto de la ciudad y por ejemplo a recibir o entregar algunas encomiendas traídas desde otras latitudes.

Este era apenas un lugar de paso, pero entre los trashumantes, habrían de venir los de talante fundador, con su progenie y sus anhelos de una nueva vida, por ello fácilmente sucumbirían al inmenso mar verde y su fastuoso horizonte. Estos advenedizos montañeros se enfrentarían a una inmensidad capaz de activar su voluntad de conquistadores y a la vez con un paisaje de naturaleza tal, que apaciguaría tanto a los alebrestados domadores de bestias y los curtidos arrieros de ganado como a las más enérgicas matronas, hasta absorber por fin sus raíces.

A este punto luego arribarían consecuentemente, los comerciantes, los constructores, los ganaderos y los primeros arroceros,  despertando el interés de curiosos y viajeros de la capital, la cordillera y más allá. Visitantes tales como  el Alemán Horst Martin, que hizo un valioso registro fotográfico a blanco y negro de lo que fue Villavicencio y sus alrededores  en la década de 1930 Una labor que hoy que nos ha permitido, hacer este acercamiento desde la acuarela  a lo que pudo ser el ambiente en esa época primigenia de la capital del Meta.

 

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