Los días festivos en este parque tienen mucho movimiento de pasada los transeúntes buscan un rato tranquilo para sentarse un rato, es una manera de acompañarse con los demás aunque con ellos no se hable, pero siempre es mejor preguntar alguna cosita por si acaso. Hay quienes hacen cruces transversales y hasta tres veces, otros rodean el parque. En una época  se alquilaban las historietas de Kalimán,  Mandrake, y Arandú entre otros, para deleite vespertino de los que no entrabamos al Cóndor, ah! y claro, la foto-novela del Santo (el enmascarado de plata) Ir por un  “raspao”, que es la versión pueblerina del granizado con mucha leche condensada, era el anhelo de la mayoría de los niños, también algodón y otras cosas deliciosas por las que nos tuvieron que purgar al menos dos veces al año. Lo que si persiste aun es ver gente viendo gente, yo diría reconociéndose en el transitar de los demás. En  días festivos es bueno vestir una buena camisa y llevar algunas monedas p’al tinto pues por allí siempre es posible encontrarse con gente conocida y con gente querida en su buen humor. 

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